
¡Buenos días! ¡Felicidades a todos los Pepes, José con los nombres que sigan (como José María que es el mío y el de mi primo José María Aguilar de Jódar), Chemas, Pepas, María José, Josefas, Josefinas, Finas, etc. y, por supuesto, felicidades también a todos los padres! Este de San José fue en tiempos un día de fiesta nacional, un día no laborable. Venía a ser la puerta grande de la Semana Santa lo mismo que la Inmaculada sigue siéndolo de la Navidad. De muy pequeño lo recuerdo también como el Día del Seminario, cuando los aspirantes a sacerdotes paseaban Sevilla con unas bandas rojas (una especie de estolas) que desde los hombros se dejaban caer sobre sus sotanas, porque entonces los curas las usaban en todo momento. Y no me falla la memoria para saber que viví dos 19 de marzo coincidentes con el mismísimo Domingo de Ramos. Fueron por lo tanto, ya se pueden imaginar los que bien me conocen, dos veces en las que ya no pude pedir más. Hoy es un San José nuevo, de 2024, de lujosos acompañamientos como tengo en mi mujer y en mis hijas, pero me resulta igualmente una festividad inseparable del padre que me dio su nombre, el mismo que antes él lo recibió de mi abuelo. Éramos tres pepes sumando cuatro con mi primo José María Castro, hijo del inolvidable Juan Castro Nocera. Y llegó a ser tradicional el almuerzo familiar en el Restaurante La Raza, del Parque de María Luisa. Cualquier tiempo pasado fue sabor, delicioso sabor, de esta vida que me sigue alimentando todos los días. Pasadlo muy bien.





