
¡Buenos días! Como todos sabemos, en las redes se encuentran cosas muy curiosas que son auténticas averiguaciones sobre la gente. Uno ha llegado a entenderlo todo o casi todo de los demás; quizás lo haya conseguido porque he tenido que entenderme hasta a mí mismo, que no ha sido poco. Y me llaman la atención esos contenidos en los que se felicita por su cumpleaños a aquellos que ya no pueden cumplirlos, sencillamente porque ya no están entre nosotros. Hoy hubiera cumplido mi madre los 89. Y sin ser mejor ni más listo que nadie, yo no puedo desear a mi madre un feliz día porque donde creo que está mi madre ya no cabe más felicidad, es la felicidad plena, sin los vaivenes de esa felicidad que corre por aquí abajo, esa felicidad variable, mucha, poca o cayendo en desgracias, superando dificultades para alcanzarla, saltando obstáculos, escalando cimas por pendientes muy escarpadas. Queda poco más de una semana para que la Macarena esté en la calle. Volveré a acercarme a la orilla de su milagro, allí donde siento que verla es asomarme a la Gloria sin necesidad de pagar el peaje de la muerte. Y volveré a escucharle sus confortadoras palabras como un recado de mi madre, de mi padre, de mi hermana, de todos los que se fueron: «Tranquilo, que están todos muy bien. Ya son felices para siempre». Y desde esta felicidad de a pie, os deseo un feliz lunes.





