¡Buenos días! Desde anoche casi no se habla de otra cosa. Y digo casi porque la vida tiene para todos cientos de compuestos además del fútbol. Tras la victoria de España ganando su segundo Mundial, lo que a mí me gusta ahora, como en todas las victorias y sobre todos los que se hacen con el triunfo de una forma u otra, es seguirle la pista al factor humano. Esta ha sido de siempre mi inclinación natural al saber de los éxitos ajenos: averiguar los esfuerzos personales que los hicieron posibles, el análisis de sus empeños incansables, las secretas vías de la disciplina, el inevitable camino de los sacrificios, la firmeza de las convicciones profundas y propias mientras tantos mediocres pretenden quitártelas de la cabeza. Sin ir más lejos, ha empezado a fascinarme la trayectoria vital y profesional del seleccionador, Luis de la Fuente. Su biografía se convirtió ayer en uno de los mejores tratados sobre lo importante que la voluntad puede hacer a un hombre. Nunca tendré que afrontar un cometido como el suyo, es obvio; pero sí travesías difíciles que aprenderé a superar con el ejemplo de personas como él. ¡Feliz lunes!





