¡Buenos días! Las televisiones se caen a pedazos. Cifran con triunfalismos sus escuálidas audiencias. Como mucho se basan en registros que no son más que indicios de dos o tres millones de personas en un país que ya ha alcanzado los cincuenta. La de gente que queda fuera de esas sumas de los shares (las cuotas de pantalla) y que atiende a ofertas mucho más atractivas que las de los cotilleos, los informativos sensacionalistas y manipulados, o los partes del tiempo apocalípticos y teatralizados. Aparte de que el telespectador no soporta la falta de respeto de cadenas, como Antena 3 o la Sexta, que al conectarlas te cortan su programación para largarte unos anuncios, o tan pronto te han saludado en un espacio, te dejan colgado usando ese descaro y tomadura de pelo que es lo de «volvemos en siete minutos». Una vergüenza. Las televisiones viven a la desesperada emitiendo publicidad y resumen sus balances de seguimientos como los políticos en las noches de elecciones: todas han ganado. Mientras tanto, los podcasts no paran de subir comiéndose a la televisión tradicional, abandonada notablemente por el público joven, incapaz de soportar sus inaguantables programaciones. ¡Feliz sábado!





