
¡Buenos días! Hay voces como si fueran una geografía, y la de Peppino di Capri era Italia, el mapa de la bota que se hizo caminos por todo el mundo haciendo llegar hasta sus confines las románticas canciones de una época de talento incomparable. No me cabe duda de que una de las vigas maestras de mi vida ha sido la música. Y así también, cómo no, ha sucedido y sucederá siempre con millones de habitantes de este planeta, los que tendremos identificadas tantas travesías con una personal o colectiva banda sonora. La música no es, como algunas leyes la catalogaron, un artículo de lujo, sino de primera necesidad. Humano sin música, acaba padeciendo anemia espiritual. Di Capri formaba parte de ese hermoso territorio que fue el antiguo Lacio, de donde los gloriosos años 60 (no hace falta señalar de qué siglo) nos dieron las voces de Domenico Modugno, Jimmy Fontana, Adriano Celentano, Tony Dallara, Rita Pavone, Bobby Solo, Mina, Milva, Caterina Caselli… y no digamos líricos como Enrico Caruso, Luciano Pavarotti y Andrea Bocelli. Añadan, añadan, que yo no puedo dejar aquí a todos los que son, pero al menos sí serán todos los que están. ¡Feliz lunes!





