¡Buenos días! No sé si alguna vez conseguiré componer la gran canción de mi vida, lo mismo que un torero pretender lograr su faena más soñada. No sé si me llegará ese momento justo ahora que, como me dijera hace tiempo el compositor José Abraham, escribo de una manera que jamás había escrito antes. Llevaba toda la razón, se había percatado de las diferencias. Soy un incansable empleado en superaciones personales que se ha hecho más consciente del valor de las palabras, sus sonidos, las formas de contar las cosas, el fraseo de los versos… o el matrimonio feliz que ha de darse uniendo adecuadamente letras y músicas. Ya veremos. Ando en ese apasionante esfuerzo. Si no lo consigo, me quedará en cualquier caso ese disfrute natural en mí, bien lejos de envidias que no me atrapan, y que consiste en admirar a quienes han sabido darnos las mejores canciones de nuestra vida. ¡Feliz martes!





