¡Buenos días! Acostumbro a darlos con énfasis. Es lo menos con lo que puedo empezar cada mañana esta dicha de vivir otro despertar. Y encima en Sevilla, donde el sol parece surgir poco a poco como si fuera acompañado de una banda sonora que le otorgara esa secuencia cinematográfica de la solemnidad. He de confesar el fondo más íntimo de esta impresión: estoy tocado con lo de Venezuela y sé que escribo estas letras entre escombros y derribos por los que se rastrean las voces de posibles supervivientes. Siempre ando igual, el mundo me derrumba y Sevilla me levanta. El mundo me hace ateo y Sevilla confianza en Dios. Hoy, allá en lo alto, donde quedan por aleluyas las campanas de la Giralda, sonarán los toques de las Lágrimas de San Pedro. Saco un puñado de recuerdos de los que me regaló durante años Rogelio Gómez. Tengo presente a ese valioso montañés del Baratillo sin el que mi vida no hubiera sido tan bonita. Es un hacedor de milagros y generosidades que en mi memoria y por su testimonio consigue que me venga arriba. ¡Feliz lunes!
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