¡Buenos días! El Papa bendijo ayer en Barcelona la torre más alta de la Sagrada Familia, con el remate de una cruz que se alza sobre cerca de doscientos metros. Lo hizo en la misma fecha del primer centenario de la muerte de Gaudí. Ignoro si esta coincidencia fue premeditada, si pudo provocarse intencionadamente semejante exactitud de cálculo al obtenerse nada menos que el plácet de un viaje papal. De todos modos, lo bonito es que ocurrió y que el pontífice visitó la tumba de quien ha sido llamado el arquitecto de Dios e incluso parece ir camino de los altares. Mi mujer y yo conocemos Barcelona por varias ocasiones y Gaudí ha sido siempre para nosotros, como para todo el mundo, una de las vigas maestras del turismo de esa ciudad. Desde la Casa Batlló al Park Güell el asombro incesante está a tu disposición. Y no digamos en la Sagrada Familia. Con la mirada alcanzando bóvedas increíbles, me viene el recuerdo de Serrat cuando en «Fiesta» cantaba lo de «Gloria a Dios en las alturas». ¡Feliz jueves!





