¡Buenos días! Podría entenderse como una incoherencia por mi parte que habiendo renunciado al catolicismo esté tan pendiente del viaje del Papa. Pues claro que lo sigo con atención y puedo ofrecer una explicación muy sencilla: lo que me importa no es tanto a dónde va el Papa, sino las rutas que toma el corazón de la gente. Porque hay muchos caminos para llegar a Dios; muchos, por más que la Iglesia intente inculcarnos que sólo es válido el suyo, por más que con toda arrogancia se atreva a confesar que hay un sólo bautismo para el perdón de los pecados, y por más que a los disidentes nos acuse de tener un Dios de bolsillo y de conveniencias. Dios está en la Iglesia, pero es mucho más grande, infinitamente más grande, que la Iglesia. Y a mí me alegra y me emociona mirar estos días hacia las miles de personas que, al influjo de la voz de León XIV, se están proponiendo cambiar sus vidas y enderezar el rumbo de un mundo que va a la deriva. ¡Feliz miércoles!





