
¡Buenos días! Empieza junio otro año. Muchos ya habrán pronunciado ese asombro clásico (a más edad más clásico) de cómo pasa el tiempo. Y ayer despedí otro mayo que cada 31 me trae el recuerdo de la coronación canónica de la Macarena en 1964. Fue la primera vez que la vi en la calle. Yo sólo tenía 6 años, pero la Macarena lo hace todo imborrable. La Virgen iba camino de la Catedral para celebrar, como Manolo Toro lo contó en su crónica pregonera, «un solemne triduo de Seises de azul y coplas de su Antonio Rodríguez Buzón». Pasaba por el Duque y mis abuelos Rafael y Ángeles me acercaron hasta Ella, radiante bajo la luz de oro de una diadema y en la mano esa azucena de gloria por la que siempre cambia su pañuelo cada vez que conmemora un nuevo aniversario de lo que en la Sevilla de entonces se esperó como todo un acontecimiento. ¡Feliz lunes!






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Interesante, gracias.