¡Buenos días! Regresaban ayer del Rocío las hermandades de Sevilla cuando me eché a la calle para recibir a la de la Macarena. Por Parras venía con nostalgia de gloria y arenas, habiendo cruzado ya por la vieja letra de la más hermosa melancolía jamás escrita para el camino de vuelta: «Lloran los pinos del coto despidiendo a las carretas…». Por Parras venía mientras salíamos a su paso los sevillanos que buscamos siempre en la procesión que vemos por fuera los alivios espirituales de la que va por dentro. Somos aquellos que hacemos los trechos de la vida ayudándonos de un gozo a otro, soñando desde ahora con el traslado agosteño a Almonte, deseando cantarle de nuevo que aquí estamos otra vez para decirte que te queremos, Madre del Rocío, aquí estamos otra vez. ¡Feliz viernes!
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