
¡Buenos días! «Antonio, ¿cuánto falta para llegar a Sevilla?», dicen que preguntaba su madre al poeta, enajenada y habiendo perdido el rumbo por los duros caminos del exilio en busca del lejano y extraño destino de Collioure. Los que nacimos mucho después de los días de aquellas amarguras, ignoramos hasta qué punto pesan los pies aunque hayas de irte ligero de equipaje. «¿Cuánto falta para llegar a Sevilla, Antonio?». Para llegar a Sevilla falta lo que levantarnos cada mañana y encontrarnos de nuevo el regalo de hacer la vida bajo este azul y este sol de la infancia. Hoy de nuevo disfruto de ese privilegio a 13 de mayo y a dos pasos del patio donde a Machado le florecía el limonero. Lo que a los sevillanos nos falta siempre para llegar a Sevilla es amanecer en ella, abrir las ventanas a su luz, echarnos a andar por sus calles y plazas. Tan sencillo y tan grande como eso. Nunca tuve que irme por tortuosos senderos entre miles de personas cargando la misma pena. Piso aún la tierra de mi clase de párvulos de los Maristas, y despierto hoy oyendo un canto blanco de colegiales celebrando esta fecha: «El 13 de mayo la Virgen María…». ¡Feliz miércoles!






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Interesante, gracias.