¡Buenos días! Para cuando la familia se vio forzada a dejar la casa de la calle San Isidoro y trasladarse a Cardenal Cisneros, los Aguilar ya habían echado muchas de sus raíces en el antiguo Barrio de la Costanilla, ese del que se cuenta que fue el más primitivo origen de la vieja Hispalis, donde surgió la ciudad palustre que hoy llamamos Sevilla. Una de esas raíces fue la devoción a la Virgen de la Salud, que por aquel entonces presidía el altar mayor de la parroquia. Ayer, un año más, acudimos a la procesión de la venerada imagen que dio el nombre a mi madre. Llevaba el mismo manto del icono con el que la conocí de niño en la sala de arriba, la del piano. Fue mayo de recuerdos, mayo de infancia, de ofrendas de Maristas cuando íbamos con flores a María. ¡Feliz lunes!
Fotografías de Beatriz Galiano
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