¡Buenos días! En una ciudad tan agarrada para dejarse caer con felicitaciones (como no sean las muy precisas de Navidad, cumpleaños o santos), en una ciudad tan estirada para mirar con lupa los merecimientos y las justicias públicas de los méritos ajenos, hoy doy mi enhorabuena al periodista Bartolomé Cabello por haber sido distinguido por la Diputación sevillana con la medalla de oro. Bartolomé Cabello ha sido durante más de cincuenta años algo así, a lo Quevedo y la nariz, como un hombre a una radio pegado. Profesional gigante de la información representa el mejor soneto que pudiera escribirse en la mejor crónica de la información deportiva, especialmente en Onda Cero. De su larga y exitosa trayectoria, a mí me tocó de refilón el honor de compartir un espacio futbolístico en Radio 80. Ya ven, ¿quién podría imaginarse que yo hice (o deshice más bien) un programa de fútbol? La foto que publico data de hace unos años, donde estoy entre algunos compañeros de aquella emisora que pasó a la historia, pero que ha mantenido nuestras relaciones y amistad al cabo del tiempo, celebrando periódicamente unos almuerzos en los que reencontrarnos. Bartolomé está en el extremo a la derecha del lector. Querido amigo, además de la concesión de tu medalla ya sé que estás recibiendo cientos de felicitaciones, otro triunfo en esta Sevilla que hace colas en los templos cuando en las horas tristes se trata de dar pésames y condolencias, pero que se hace la sueca si andas por los momentos felices en los que hay que dar de corazón la enhorabuena.





