¡Buenos días! Despedimos hoy a una Semana Santa con todas las cofradías en la calle. No es frecuente. Tenemos la historia llena de la presencia inclemente y a destiempo de la lluvia, de tardes vividas en la incertidumbre, que si sale o no sale esta o aquella, que si se ha vuelto o refugiado en un templo cercano o de paso que pudo acogerla de urgencia mientras todo un patrimonio carísimo se pone chorreando. Ilusiones de un año entero rotas al final, sin el gozo de ver que tu cruz de guía ya está enmarcada en la puerta a la hora en punto. ¡Maldita lluvia que no siempre es bendita ni necesaria, que ya sobra, como en otro caso hubiera sido este año! El colmo, más agua. Nos hemos librado por sólo unos días, pues ya la anuncian los pronósticos para el martes o así. Cerraremos esta noche una Semana Santa completa cuando la Soledad de San Lorenzo sea, como siempre (salvo para los juegapasos que lo dicen del Resucitado, que como tal ya no es Semana Santa), ese auténtico broche de oro de este esplendor sevillano que ha discurrido bajo el sol pleno. ¡Feliz Sábado Santo!





