¡Buenos días! La Semana Santa de Sevilla ni está en peligro ni deja de estarlo, simplemente ya no es lo que era. Tampoco creo que vaya a morirse de éxito, sencillamente lo va a soportar como mejor sepa y pueda. Y lo mismo que quien tuvo retuvo, aún le quedan algunos resquicios y zonas de esencia y aroma donde fue edificándose su mayor grandeza, antes de encaminarse a perderse en lo irreconocible. Ni el Consejo de Cofradías puede ya con esta situación que se le va de las manos y que no atribuyo a su entera responsabilidad ni culpa. ¿Cómo puede tenerla de un incendio el domingo en la calle Cuna y de otro ayer lunes en un inmueble de Pajaritos, obligando a improvisar recorridos y horarios? El domingo se produjo un retraso histórico (ahora que hay tanta afición a hechos históricos) de casi noventa minutos. Pregunto también ¿cómo se le devuelve a la Semana Santa su mejor naturaleza e identidad perdida en medio de una Sevilla cada vez más cateta, sentada por los suelos, comiendo pipas tres horas antes de que llegue una cruz, que silba por doquier la interpretación de las marchas, cada vez de menor calidad por cierto, un auténtico gallinero de músicos, como en algo que se llama «El galileo», por decir algo?, ¿cómo se aprende refinamiento, gusto y exquisitez por hermandades desquiciadas en el exorno floral de sus pasos, o en los pecherines enjoyados de sus vírgenes? El horror vacui se ha apoderado de la Semana Santa sevillana, bien alejada ya del preciso y acertado sentido de la medida. ¡Cuánta desmesura y amaneramiento! ¡Cuánto pique alocado entre priostes! ¡Cuánto exceso que está convirtiendo en aburrida la Semana Santa, puro hastío de responsables sin categoría para hacerla posible! A ver hoy martes…





