¡Buenos días! Mucho antes de que el concierto vienés de año nuevo nos hiciera escuchar la marcha Radetzky, ya conocí en la niñez esa obra genial de Strauss. Aún andaba la recién inaugurada tele en España por el Paseo de la Habana, sin arribar a Prado del Rey, ni tener a su alcance las conexiones frecuentes con Eurovisión. Pero desde el dormitorio de mis padres me llegaba el sonido entrañable y hogareño de la radio, en los mejores tiempos de su hegemonía y poderío en las casas; y en ella sonaban por las mañanas los compases de Radetzky, esos que acabarían cada primero de enero acompañados por las palmas del público. La marcha era la sintonía tras la que se oía en su carrusel deportivo la voz importante e inolvidable de todo un líder de audiencias de la época: Juan Tribuna. Ahora se han cumplido los cien años de su nacimiento. Hay gente que por más tiempo que pase, está anclada contra el viento y la marea de las modas pasajeras, en la memoria indeleble de la mejor veneración y agradecimiento. Juan Tribuna, con tratamiento de Don por afecto y respeto de aquellos oyentes, fue la banda sonora de una Sevilla que se despertaba atenta a su magisterio. ¡Feliz jueves!





