¡Buenos días! Sevilla va señalando los turnos gozosos e ilusionantes de las vísperas de su Semana Santa. La infancia otra vez, siempre bienvenida, llamaba de nuevo a mi puerta para no deshacerse con los años ni acusar el discurrir de los largos tramos del tiempo. Yo no sé ya a estas alturas quién disfruta más de estos días, si el hombre o el niño… o los dos juntos como un doble disfrute de las cosas. Ayer fue la mañana del Pregón, pero por la tarde nos sucedió (ya saben que mi vida va en un feliz plural) el encuentro con la Macarena en su paso. Ya está bajo palio. No será sólo para una Madrugá, será para la que no me cabe duda que puedo llamar la procesión del desagravio. También la Amargura en San Juan de la Palma nos devolvía otro Domingo de Pasión esa forma de mirar cuando los ojos saben que tienen delante lo excepcional y lo insuperable. ¡Feliz lunes!
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