¡Buenos días! En las vísperas de dar su Pregón de la Semana Santa de Sevilla, Carlos Herrera concedió una de esas tradicionales entrevistas en las que los pregoneros procuran quedarse a medio camino entre no revelar el contenido y dar algún mínimo avance de sus intenciones. Herrera, a modo de anuncio, dijo entonces: «Estoy enamorado de una muchacha llamada Sevilla y voy a desposarme con ella en el atril del Maestranza». Yo me dije: «Si antes de empezar el Pregón este se permite el lujo de soltar semejante perla y regalársela a un periódico, ¿cómo va a ser el Pregón?». Iba sobrado. Y no me equivoqué. Suelo no equivocarme cada año observando al pregonero en sus apariciones públicas. Lo escucho, examino su voz, su hondura o superficialidad, si trae bagaje de calle o de palcos, si arranca desde su niñez o acaba de llegar, y le saco el gráfico de un electrocardiograma que tantas veces me da plano… En resumen, me convierto a ojeador del pregonero. Y sólo con gente de confianza confieso mi pronóstico. ¡Feliz viernes!





