¡Buenos días! El mundo ha dejado de llamar a las cosas por su nombre. Se declara haber terminado una guerra mientras todos vemos que aún sigue. Se llama estrellas de la música o del cine a las que no tienen comparación con las que verdaderamente lo fueron. Y están los políticos para pervertir absolutamente el lenguaje y, por ejemplo, ganar las elecciones cuando las han perdido. También se cuentan como máximas audiencias televisivas esas que me parecen haber inventado el éxito del fracaso, o cuando se habla de conseguir discos de oro. Cuatro millones de espectadores (que ya es decir en los mejores casos), ¿qué son en un país de cerca de cincuenta… millones, claro? Y cincuenta mil copias vendidas en otros tiempos, hoy se conforman con una equivalencia de doce mil. El pan ya no es pan, ni el vino es vino. La cosa creo que no es tanto de ahora como pudiera pensarse. Ya en mi niñez, cuando entraban en mi casa albañiles o pintores, mi madre decía que llegaban los «artistas». ¡Feliz domingo!





