
¡Buenos días! Puede que no todos me comprendan en una ilusión muy íntima que venía a sucederme cada año por estas fechas, pero aún así la cuento. Es un precioso recuerdo que me viene desde la infancia: un día indeterminado y a la hora de almorzar, mi padre llegaba a casa con las revistas de primavera, también llamadas las revistas de Semana Santa. ¡Las traía para mí! Fue en tiempos, incluso antes de nacer yo, una clase de publicaciones digamos que «domésticas», sin deberse a grandes editoriales ni a periódicos importantes de la época, y salidas del empeño y el sacrificio de la pura iniciativa privada impulsada por gentes irrepetibles como Rafael Salvatella, Manuel Ferrón Juárez o Cipriano Gómez Lázaro. Su financiación estaba conseguida a pie por sus propios directores, los que se pateaban de punta a punta la Sevilla de entonces, comercio a comercio para hacerse con los anunciantes cuya publicidad sufragara los gastos de la imprenta. Esas revistas fueron, entre otras, AMOR, CALVARIO, SEMANA MAYOR, ALBORES DE PRIMAVERA, AL PIE DE LA GIRALDA, etc. Empiezo hoy con este mero adelanto mi pequeño y sentido reconocimiento a un género digno de su memoria y análisis. ¡Feliz jueves!





