
¡Buenos días! Ahora sí. Ahora se ha pintado al Hijo de Dios y no al del pintor, aquel que calificó y ofendió a sus discrepantes como rancios e incultos que nunca habíamos visitado un museo; aquel a quien el periódico de siempre que ya no es el de siempre, presentó como internacional (hay que ver lo pronto que se dice de alguien que es internacional), cuando no hay una obra suya colgada ni en el Pompidou de arte contemporáneo en París, que me he recorrido dos veces por todas sus plantas. Y el Louvre otras dos. Y The National Gallery en Londres. Y los museos vaticanos. Y la Galería de la Academia en Florencia. Y la de los Médici… ¿Sigo contando que no he visitado museos, los de Israel, Berlín o Estambul, y sin ir más lejos el Bellas Artes de Sevilla? Hace pocos días coincidí con el «cultísimo» en un acto. Me fui antes de favorecer el momento en que nos hubieran presentado. No me interesa esa clase de personas. Ni quise forzar tanto a mi educación. Tampoco hacer un alarde de amabilidad, buenas maneras e hipocresía. Ahora sí. En el cartel de la Semana Santa de este año ha sido pintado el Hijo de Dios. Y va sobre nuestros más auténticos rojos de pasión. ¡Enhorabuena, Antoine Cas! Y gracias. ¡Feliz martes a todos!





