¡Buenas días! Me encuentro casualmente por las redes este recuadro que dicen ha puesto un párroco para fomentar la asistencia a misa. Bien, que cada cual anuncie lo que quiera. Viva siempre la libertad en estos tiempos de creciente censura, en los que hasta cualquier chiste de los humoristas va con pies de plomo para no pisar en tierra de colectivos que se ofenden de inmediato, como por actos reflejos. Pero viva también la libertad del desacuerdo con ese reclamo que a mí me resbala por completo. Porque ni voy a misa ahora, ni pienso ir siquiera para un responso final. Así lo tengo dispuesto para quienes se encarguen de mi despedida de este mundo. No creo en mediación humana alguna entre Dios y yo. Nos entendemos perfectamente entre los dos. No quiero que un día, espero que muy lejano, sometan mis restos a una liturgia de súplicas, ruegos y piedades ante un Dios tan severo. ¿Qué habría hecho yo para merecer eso? Descarto esa última, justiciera y terrorífica solemnidad para llegar hasta los brazos de quien tengo por el Amor de los amores. Absténganse, conmigo al menos, de esa arrogancia que es apresurarse en esos momentos a rezar por los demás. Con el amor de Dios tengo bastante para irme. Y al cura ese que haya colocado semejante amenaza en la puerta de su iglesia, podría decirle que no pienso ir a misa ni por las buenas ni por las malas. Ni vivo ni muerto. ¡Feliz miércoles!





