¡Buenos días! Comentaba anteayer lo difícil que es saber dar el Pregón de la Semana Santa de Sevilla y los pocos pregones que han resistido el paso del tiempo. El de Antonio Rodríguez-Buzón lidera una vigencia emocional desde 1956, como si estuviese sostenido por una idea fija de sentir la Semana Santa. Explicar eso merece un análisis que aquí no tiene espacio. Fue capaz de cumplir con muchos requisitos indispensables que él reunía de manera excepcional. Una muestra, que puede encontrarse en Youtube, la dejó en ese monumento poético andante que dedicó a la Virgen del Valle. Creo que no se puede describir mejor lo que es contemplar su paso por las calles sevillanas. Es una auténtica pintura de versos, un cuadro inmenso que va convocando a todos los elementos del paisaje en la travesía dolorosa de la impresionante imagen, a la que Buzón denominó «la Virgen que llora» por excelencia. Pero no es sólo un texto bien trabado, sabio y bien consciente de manejar su sonoridad, no es sólo un conmovedor poema en tres secuencias absolutamente dinámicas, tres tiempos de una misma emoción y devoción; es que también está declamado llevando hasta a la misma voz el vaivén del palio, apoyada en una inteligente métrica que pareciera hacer escuchar las pisadas de los costaleros. Hay mucho que decir de este Pregón. Otro día. Feliz miércoles.
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