¡Buenos días! Un tiempo hubo en el que todas las niñas copleras querían cantar como la Pantoja. Procuraban su timbre, sus dejes, fraseos, agudos… hasta los gestos mimetizaban, instruidas en unas academias y por unos maestros a los que pareció no pasarles por la cabeza dar el consejo de que sin estilo propio, sin personalidad, no se va a ninguna parte ni se logra ningún sueño artístico. ¿Vale Rosalía como muestra de una buena dirección? Pues como años atrás imitada la Pantoja, ahora está pasando lo mismo con Rocío Jurado desde que la estrella nos dejó. Sin embargo no habrá quien pueda con eso. Empeñarse en esa insistencia como si la memoria colectiva no guardara el eco de semejante portento de voz, es una aspiración que sólo conducirá a encontrarse en el montón; mejor o peor, pero en el montón. Son esfuerzos vocales inútiles. Rocío Jurado es irrepetible. Y el único balcón posible desde el que asomarse, también lo ocupó ella para ver pasar a la Virgen de Regla en su Chipiona natal. ¡Feliz miércoles!





