¡Buenos días! El salón de la chimenea, la que nunca vi encendida porque ya había pasado por un fuego que a punto estuvo de echar abajo el artesonado sobre el que se asentaba… el salón de la chimenea digo, me descubrió un día el archivo de dos revistas españolas, coleccionadas por el abuelo, y que algo burlaban a la censura en lecturas y en fotos: Triunfo y Blanco Negro. Lo que yo exploraba hojeándolas era encontrarme por sus páginas con las bellezas femeninas de la época. Las sorprendí ( y me sorprendieron) en las máximas actitudes de provocación y desnudeces permitidas. Con seis o siete años yo ya empezaba a pasar un hambre jamás saciada hasta hoy. Y a confesar, porque entonces se confesaba mucho, entonces se aprovecharon de mi poca edad para hacerme creer que un cura ataba y desataba por el cielo mis impulsos más naturales aquí en la tierra. En uno de esos momentos de sigilo y silencio en el salón de la chimenea, apareció ella: Brigitte Bardot. Fue cuando Dios me enseñó a la mujer. Que Dios precisamente la tenga en su Gloria. ¡Feliz sábado!




