¡Buenos días! Deseando estoy que mañana se celebren las elecciones en la Macarena y, aún más, que cuando llegue la hora del recuento de votos me den la noticia de que Fernando Cabezuelo va a encargarse de sacar del hoyo a la Hermandad. Deseando leer en su gran historia venida a mínimos, el punto final de esta etapa siniestra llena de embusteros y cómplices, de encubridores, de irresponsables, de catetos indignos de haber tenido una joya entre las manos, la más grande joya del alma y la fe de Sevilla. Deseando que se vaya un hermano mayor incoherente, jugando a la media luz televisiva arropándolo (como si estuviera concediendo una entrevista a Jesús Quintero) en su larga lista de declaraciones incoherentes, donde se demuestra no conocer ni por el forro lo que significa decir la verdad. ¡Qué ganas de que te vayas, Cabrero, incluso con tu abrazo del arzobispo a cuestas, que a mí no me impresiona, porque ya de antemano no me impresionan ni los arzobispos ni la Curia entera! A mí sólo me impresiona Dios. Si realmente Notario, Dávila Mihura y toda la compañía quieren ganarse la comprensión, que tengan paciencia con el tiempo dolido y lastimado de la indignación. El largo tiempo que hemos necesitado, que aún estamos necesitando, para que la Virgen regrese mirándonos como siempre. ¡Y no corran! ¡No metan prisas! No busquen curarse con Ella lo incurable ni que elijamos mañana lo inelegible. ¿Es que todavía no saben que el Cielo puede esperar?
Fotografía de Beatriz Galiano





