¡Buenos días! Citaba ayer a Perales en su canción «Amigo», donde escribió el emotivo poema de la llamada desde Sevilla de un viejo compañero de fatigas y aventuras, en los tiempos que le trajeron a nuestra ciudad para estudiar en la Universidad Laboral. Por esa canción corren lentos y profundos como el agua los versos que descubren al Guadalquivir en su oculto y callado deseo de convertirse en mar, buscando siempre alcanzar ese sueño llamado Sanlúcar. Desde que escuché por primera vez «Amigo», desmenuzando sus nostalgias y melancolías de calles estrechas, donde la Giralda sigue estando en pie, no acertaba a descifrar el significado de cuando decía «y he vuelto a disfrazarme con traje de franela». ¿A qué se refería aquello? ¿Sería el traje de franela su noción de vernos a los sevillanos con chaqueta y corbata por Semana Santa o en la Feria? Pero una cuestión de muchos años se iba a resolver. Mi curiosidad se iba a saciar cuando la vida me hizo uno más de los tantos y bonitos regalos que siempre me ha hecho. Un día me invitó Perales a almorzar con él en su casa colgante de Cuenca; y sobre su generosa mesa, junto a su mujer Manuela y sus hijos Pablo y María, mi pregunta quedó aclarada por el propio artista: «El traje de franela era el uniforme que estábamos obligados a vestir los internos de la Universidad Laboral para salir de paseo». ¡Feliz viernes!





