¡Buenos días! La mejor medida de la anchura del Guadalquivir a su paso por Sevilla no la da en estas fechas coger un metro; no el metro en Puerta Jerez, sino el de los cien centímetros. Si se quiere saber cuánto va de orilla a orilla cruzando cualquiera de los puentes, el de Triana mismo o el de San Telmo, no hace falta consultar a Google y enterarte de que van unos doscientos cuarenta metros. La medida más exacta te la da por estos días el frío. Palmo a palmo. Lo largo que se hace congelarte y aguantar la ventisca que va de una punta hasta la otra. ¡Hay que echarle narices heladas a cruzar el río! El Guadalquivir es tan ancho y caudaloso por Sevilla que hay dos canciones que revelan especialmente su vocación de mar, su sueño siempre perseguido y nunca logrado de ser más que la postal y bella estampa de su corriente junto a la Torre del Oro. En «Amigo», dedicada a Sevilla recordando sus años mozos de estudiante en la Universidad Laboral, escribió José Luis Perales «y he vuelto al azahar que perfumaba el aire, y a ese Guadalquivir que era mi mar y el tuyo». Por otra parte, algo más tarde y en vísperas de la Expo, de Manuel Alejandro cantaron las voces de Plácido Domingo y Rocío Jurado la canción «Sevilla», donde decían «noches reflejos de un río que quiso ser mar, que quiso ser mar…». ¡Feliz jueves!





