¡Buenos días! Veo que hay una gran preocupación por la longevidad. Nada nuevo bajo el sol. El ser humano siempre quiere morirse cuanto más tarde mejor. Hasta de los suicidas en caída libre ha llegado a contarse que se arrepienten por el camino hacia abajo, cuando ya no entra la posibilidad de la vuelta al pretil desde el que se lanzaron. Cualquiera sabe. Se cruza el umbral de esta vida a otra con el máximo acopio de esperanzas que nos quepa hacernos. Pero nadie desea irse de lo único que hasta ahora conocemos y donde habitan nuestros amores. En estos tiempos de los que salen expertos (me río yo) hasta de debajo de las piedras, alguno, más presunto que cierto en su diagnóstico, se ha atrevido a afirmar que ya ha nacido entre nosotros quien cumplirá mil años. Lo único que yo sé asegurarme es que hoy es martes 25 de noviembre, que estamos a un mes justo de la Navidad, y que voy a beberme otro día la vida a sorbos, a tragos enteros. Y que tengan mucho cuidado aquellos que sólo se mojan los labios.





