
Fotografía de Beatriz Galiano
¡Buenos días! Se dijo siempre lo de que una imagen vale más que mil palabras, pero es que hay algunas que las provocan. Volvíamos del gozo trianero que fue en la antigua Punta del Diamante con la Avenida ese giro de agosto en octubre, esa cortesía de la Madre a sus hijos desde su Asunción a su Esperanza, volvíamos de una emoción incontenible que, total, ¿para qué contenerla?, cuando mi mujer me enseñó de todo lo vivido, sólo y nada más y nada menos que la mano de la Virgen. Es esa mano de la Esperanza de Triana adelantada a todos los desconsuelos, a todas las verdades y mentiras de cada uno, esa mano como la llama más encendida de toda su candelería, esa mano en regreso triunfal de su Misión, la que había puesto tan cerca los barrios más lejanos y las viviendas en las que Ella, sin miedo, ha sido capaz de entrar. Sabía la Esperanza de Triana, «ayer pasé y te encontré más bonita cada día», que o iba Ella o no iba nadie. Y sabía la Esperanza que debía renunciar a dar detalles de su gloria y aparecer, solidaria, con un pañuelo cuajado de penas. Al ver esa foto que me dijo tantas cosas, me vino a la memoria la saeta de una madrugada: «Ese pañuelo de seda no lo hicieron los humanos, que es un pedazo de cielo que se ha parado en tu mano». ¡Feliz domingo!





