¡Buenos días! Algunos lectores se me impacientan ya con el desenlace de estas secuencias que me llevarán finalmente a una conclusión que acabaría confesándole personalmente a Raphael. No pretendo el más mínimo suspense, no me siento Agatha Christie. Se trata simplemente de ir paso a paso por los capítulos decisivos que fueron poniendo fin a la historia de una gran ambición, la mía, que o era como a mí me gustaba o, sencillamente, sin traumas ni decepciones, no iba a ser. O conseguía todo o no me interesaba nada. Me parecía mejor ser uno menos que uno más. Hay artistas capaces de habitar en un estado medio de la popularidad y la fama. Yo no. Hay que servir para eso y yo no sirvo. Iba ya mi camino por tales convicciones cuando acudí a mi cita con Gordillo en Madrid. Le pedí que eligiera el lugar y me mostró sus preferencias por el restaurante La Albufera, en pleno Paseo de la Castellana. Era tan educado que me preguntó si podía llevar a su mujer, Soledad Jara. Para mí era un honor compartir nuestro encuentro nada menos que con su esposa, a la que conocía por las portadas de las revistas que un día, el de su boda con Paco, habían divulgado su rostro por llevarla del brazo un padrino muy singular: Raphael. Para abreviar sobre un montón de cosas de las que hablamos, a lo largo de unas dos horas, Gordillo no se atrevió a aconsejarme acerca de abandonar mi trayecto como cantante. Lo percibí como una de esas personas inteligentes que igualmente te tienen a ti por inteligente para saber decidir en soledad. Pero me resultaron de enorme valor tanto sus palabras como sus silencios, lo que me dijo y lo que se calló. Se las sabía todas. No en vano era el hombre que se había recorrido medio mundo con Raphael triunfando en el Olympia de París, el Madison Square Garden y el Carnegie Hall de New York, el London Palladium, Las Vegas, el Patio de México, o el Palacio de la Música en nuestro Madrid, además del debut en Rusia. Sentí mucho, muchísimo, su muerte en 2011. Gracias siempre, mi queridos Paco Y Soledad. ¡Y feliz viernes a todos!





