¡Buenos días! Yo creo que todo sueño tiene un tiempo prudencial para esperar que se cumpla… o para asumir que no vas a lograrlo nunca. Hay un plazo conveniente que permita albergar tus ilusiones, y el mío se estaba agotando. La realidad se imponía, no era bueno ni aconsejable darle la espalda. Yo buscaba el éxito de una sola manera y solo una. Empezaba a disfrutar de una cierta popularidad que iba advirtiendo en las calles, en la gente que me abordaba con tanto cariño, que se daba la vuelta al cruzarse conmigo y me reconocía por lugares impensables como la Gran Vía madrileña… ¡Qué mágico es el poder multiplicador de la televisión! ¡Qué escenas más sorprendentes e inesperadas! Como parar en las ventas de la carretera para tomar algo mientras descansaba de coche y de viajes, y en cuanto entrabas en ellas los camareros sabían quién eras; o la anécdota de aquel gorrilla que al aparcar mi vehículo me dijo: «Usted es el Fuertes, ¿no?». Aprendí a estar simpático en todo momento. Y a saludar, como si los conociera, a quienes con tanto afecto me saludaban. Pero todo eso, con ser muy bonito y emocionante, no era suficiente para alguien como yo, que había llegado para quedarse si exclusivamente se cumplía un plan ambicioso: ser estrella. No famoso. No. Estrella. En tantos casos, famoso es una cosa y estrella otra. Pueden coincidir, pero igualmente y la mayoría de las veces, son dos cosas distintas con consecuencias diferentes. Martes y Trece lo aclararían de un plumazo: es lo mismo, pero no es igual. Va una diferencia abismal y yo lo sabía. La apuesta era muy fuerte, como cuando uno se lo juega todo a un número. Pero ese único número era también mi única posibilidad. Fuera de ella son felices muchos cantantes. Yo no. O podía ser una estrella, o me iba con la música a otra parte. Y ayudó mucho a mi determinación de marcharme el hecho de que por aquel entonces ya habían sucedido dos de mis encuentros más decisivos para tomar el camino adecuado: uno, con Paco Gordillo, el mánager descubridor de Raphael; y otro con Caracolillo, el bailarín y esposo de Juanita Reina. ¡Feliz jueves!





