¡Buenos días! A los cuatro años de haber publicado mi primer disco, y recién salido el tercero, yo ya había visto demasiado en el mundo de la música, tenía recabados muy interesantes datos de sus realidades y también de sus apariencias, inimaginables desde el lado donde queda el público, pero descarnados y absolutamente al descubierto en cuanto cruzas sus umbrales. Y eso sin olvidar que mucho antes de mi periplo discográfico, cuando sólo tenía diecisiete años, ya llevaba yo en el cuerpo muchas horas de espera en el recibidor de Pulpón, el legendario agente artístico que cobraba una fortuna por cada palma y cante flamenco que se diera por el mundo. Ni los cruceros le quedaban fuera de control. Entraba una y otra vez en su despacho de la calle Velázquez, casi en la Campana, superando en mí una paciencia infinita, más que la de quienes en estos tiempos aguardan a que llegue su turno en las consultas médicas.
-¿Hay algo para mí, don Antonio?
-No, querido (lo de querido era una costumbre muy suya con todo el mundo); no tengo nada para ti, por ahora no tengo nada.
Pulpón era un señor, con clase, elegancia, distinción, me hacía sentir hasta su aprecio por mí… pero en ninguna de aquellas tardes que se encajaban en la noche, tuvo nada que ofrecerme. Ni siquiera un triste contrato.
He dicho que recabé muchos datos del mundo de la música, de aquello de ser artista; pero también conseguí mucha información sobre mí mismo. Esa era la más importante, la que más debía tener en cuenta a la hora de tomar la decisión de seguir o irme. Las culpas de los demás no son tan decisivas ni relevantes como las propias culpas, los fallos de uno. Soy capaz de cargar sobre mis espaldas con todo tipo de defectos, pero me tengo prohibido ser subjetivo, dorarme la píldora, engañarme, seguirme la corriente. En esta vida se pueden ser muchas cosas, pero tonto no. Puedo hasta hacérmelo, pero no lo soy. Continuaré. ¡Feliz miércoles!
Fotografía de uno de mis grandes recuerdos en Chipiona junto a mi compadre el humorista y pintor Miguel Caiceo y el periodista Juan Mellado.





