¡Buenos días! En la música habrá muchas formas de ser feliz como cantante. Todas son respetables. Pero yo sólo tenía una. Yo sólo quería una. No cuatro ni cinco. Una. Si lo lograba, bien. Si estaba para mí, perfecto. Y si no, adiós muy buenas y tan campante. Nunca he sentido que se me cayera el mundo por eso. Hay miles de cosas para disfrutar como ser humano. Hay vida más allá de grabar discos. Además, si he de confesar haberme propuesto una verdadera meta, si perseguí siempre algo con el máximo ahínco, con toda ilusión, mi mayor insistencia fue, muy por encima de ser artista, la de encontrar a mi gran amor y casarme con ella para siempre. Y ahí sí que he triunfado con creces. El éxito profesional no es más que un adorno, incapaz de llenarme por entero. Nunca me abandonó la luz para tener localizado el centro de gravedad de la vida. Nada me confundió por el camino. Por eso para mi tercer LP compuse una canción titulada «Lo más difícil de la vida», en la que unos versos decían: «Que no me vengan con el cuento del dinero, ni con la trampa de mi propia vanidad; lo más difícil de la vida, compañero, es escuchar te quiero, te quiero de verdad». Pero, ¿qué única manera era esa que yo deseaba para mí como cantante? Y almorzando un día con mi amigo Raphael, los dos a solas, fui a descargarle toda mi sinceridad cuando me preguntó por mi breve carrera. Os lo cuento mañana. ¡Feliz martes!





