¡Buenos días! A punto estaba de sacar mi primer disco cuando un famoso cantante me dijo: «No lo hagas, Pepe; tú no sabes dónde te vas a meter: nosotros somos las chochonas de las ferias». Entendí lo que me quería describir con aquella expresión. Quiso advertirme de un plumazo que en su trabajo y hasta en su éxito no todo lo que relucía era oro. Yo ya lo sabía. Desde los diecisiete años había conocido lo que era hacer galas, meterme en el cuerpo kilómetros y kilómetros (de día o de madrugada) para llegar hasta los pueblos donde había que actuar, afrontar presentarme a públicos de miles de personas que no tenían la más mínima idea de quién era yo, ver dentro de los camerinos la verdad de las grandes figuras con las que compartía escenarios… allí, escuchándolos, poco quedaba en pie de lo que parecía. Sin embargo, cuando se va a la música, cuando entras en su mundo cruel y difícil, también debes ser consciente de cómo salir, de cómo irte si, al final de todas tus ilusiones, aquello no es lo que tú querías y como lo querías. Habría «chochonas», pero no eran mis referencias ni mis metas. Siempre fui lo suficientemente vanidoso para fijarme en Raphael, Serrat, Julio Iglesias, Sinatra, Elvis… Sólo me interesaba eso. O todo o nada. Mi suerte, al menos mi suerte, no iba a estar en las tómbolas. ¡Feliz lunes!





