¡Buenos días! Sin el artista encajero Alfonso Aguilar es ya imposible, hoy por hoy, acceder al logro de nuevas confecciones o restauraciones de obras exquisitas y de la máxima categoría para el patrimonio de las hermandades de Sevilla en particular, y de España y el extranjero en general. Todo lo verdaderamente importante pasa en la actualidad por sus manos. Esto realmente no hay que escribirlo. Eso no tiene que asegurarlo este cronista de amaneceres sevillanos. Ya lo han dicho las muchas hermandades a las que correspondía verificarlo, las que ofrecen todas las garantías indudables de acierto y tranquilidad encomendándose a las manos de Alfonso Aguilar (y sólo a las manos, porque no hay máquinas, como tampoco las hay en Villamanrique de la Condesa para los mantones). Entre esas hermandades confiadas al prestigioso encajero se cuentan en Sevilla nada menos que las de La Macarena y La Amargura. Y ahora… ¡la Esperanza de Triana!, que estrena estos días en sus cultos de la Parroquia de Santa Ana la denominada «Toca de volantes» de la famosa imagen, una pieza antigua restaurada por Alfonso Aguilar, una auténtica labor de arqueología, de regreso a la investigación del pasado gracias a los testimonios gráficos de las viejas estampas y azulejos en los que la Virgen aparecía como él nos la ha devuelto al siglo XXI. Con esta meticulosa reproducción y enriquecimiento, el artista puede ampliar justamente el concepto y denominación de su oficio, que de encajero alcanza ya un nivel inigualable como orfebre del hilo y ceramista del encaje. La «Toca de volantes» ha sido convertida a oleajes de espumas de oro por el remanso de esa orilla marinera que es la calle Pureza. Y la Esperanza de Triana es ahora hasta más trianera, que ya es decir. Feliz domingo.





