¡Buenos días! No tengo más que mirarme para estar harto de experimentar que quien mucho vive, poco escribe. Y es que la escritura, por breve que sea como la mía, como esta que yo ofrezco cada mañana, no deja de ser un género de soledad y aislamiento, que está claro que yo no estoy dispuesto a fecundar. Además, abro por las mañanas esas ventanas de la actualidad que son los periódicos, y con sus titulares y fotos las cierro enseguida; lo mismo que cuando desde la calle te llega el ruido de la maquinaria de una obra, el taladrador gigante del pavimento, o una de esas canalizaciones subterráneas del agua que duran meses, no cumplen los plazos y no se terminan nunca. ¡Qué horror! Se te mete en el salón una guerra, o una corrupción política más, antes de que te des cuenta. Y acabo protegiendo mis interiores, blindando la paz doméstica y el oxígeno limpio de la intimidad. Total, que vengo a decirme lo de aquella canción: «Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo». ¡Feliz sábado!





