¡Buenos días! De golpe te enteras de que Robert Redford tenía ochenta y nueve años, te acuerdas de tal como éramos, y de que has dejado atrás muchas más memorias que las de África. Yo soy un convencido de que no fuimos convenientemente educados sobre el paso del tiempo, lo rápido que iba a pasar y la intensidad por tanto que eso requiere de cada día, de cada momento. Mi mujer suele decirme que ve a la gente «muy tranquila». Opino lo mismo, porque la advierto en actitudes y pensamientos propios de quienes se creen que vamos a estar aquí por cientos de años. Y no hay segundo que perder. Se ha ido, como de pronto, uno de los grandes, otra vez se ha ido un gigante que va dejando huérfano de talento a un mundo nuevo y disparatado que carece de tenerlo. La mañana siente la eterna paz de su partida entre suaves verdores de Kenia bajo un cielo en adagio de Mozart. ¡Feliz miércoles!





