¡Buenos días! El mundo cofrade no para en polémicas. Ahora por importar bordados asiáticos para nuestras cofradías, en vez de servirse de los talleres clásicos, los de toda la vida, los nuestros. ¿Es lícito para las hermandades sevillanas encargar piezas de bordados a Pakistán? Lo es. Pero unas elementales nociones sobre nuestros derechos siempre nos deberían hacer saber que no todo lo legal es ético. El ámbito jurídico no abarca forzosamente ni la ética ni la moral. Pero nosotros sí. Deberíamos estar formados para advertir y apreciar por dónde cruza esa línea divisoria. Recurrir a comprar en Asia (por las razones económicas que sean) palios, mantos, túnicas o sayas, es legítimo, pero me parece reprochable. No estimo correcta la actuación precisamente de una de nuestras hermandades más genuinas. Creo que su elección, favoreciendo la entrada de un comercio extraño a las exquisitas labores propias, conlleva un enorme desagradecimiento histórico tanto hacia una tradición de siglos, como a su corporativismo actual ejercido por el Gremio de Arte Sacro, tan bien liderado, defendido y elevado a sus máximas distinciones estatales bajo la presidencia de Francisco Carrera Iglesias. Pero es que además, prescindir de nuestros talleres y expertos artesanos es rebajar un nivel de calidad y buen hacer que no está al alcance de copias, imitaciones y apariencias. Por otra parte, se pone en grave peligro la supervivencia laboral de unos profesionales incomparables. ¿Queremos una especie en extinción que implique la de la auténtica naturaleza de la Semana Santa de Sevilla? La libre economía de mercado está reconocida. ¿Y nuestra responsabilidad y la de las hermandades, quedará promulgada por la ética? ¡Feliz lunes!





