¡Buenos días! La ciudad ya estrenó marzo y, por este año, su primer día fue también su primer viernes, el del Cautivo, el del Silencio… Y en el interior de los templos va gestándose el alumbramiento. Poco a poco, la cuenta se va cumpliendo exacta con la llegada de los pasos. El de la Amargura ya está en San Juan de la Palma. Y el paso de la Virgen, lo que se dice el paso, aún es parihuela sobre la que estará por levantarse el milagro de la perfección, el canon cofrade de nuestra Semana Santa, el Partenón de Sevilla según Le Corbusier (ya saben, el famoso arquitecto). Ahora mismo esa parihuela me parece todo un tratado filosófico del tiempo que se acerca. Me basta saber mucho al leer la escueta inscripción de una sola palabra en la madera desnuda y sin ropajes de plata repujada de los respiraderos: FRENTE. Lo entendí como una clave dada al espíritu y cargada de sinónimos para creyentes en Dios: siempre hacia adelante y con el alma en pie. Me llegó hasta el eco de los capataces, «¡venga de frente, valientes!… Y entendí como otra insignia en la cofradía por excelencia de las insignias. La que irá oculta cuando ya esté montado al completo el paso de La Amargura con su Amargura. La palabra secreta con la que desde su dolor desorientado, como todos los más intensos dolores, la Amargura vaya a dar a luz a la Esperanza. «¡Venga de frente, valientes!». Feliz sábado.





