¡Buenos días! El callejero de Sevilla está lleno de curiosidades, casi tantas como reconocimientos, olvidos, injusticias… y hasta chistes, como aquel que desde muy niño me contaba mi madre sobre la ocurrencia popular que había producido el cambio de nombre a la antigua calle Burro por el de Alfonso X el Sabio. Tal modificación se aclaraba con un juego de palabras que servía el cachondeo en bandeja: Alfonso X el Sabio, antes burro. No muy lejos de allí, se percata ahora mi mujer de que el rótulo de la calle Dormitorio, asomando a la Plaza del Cristo de Burgos, se empareja en la esquina contraria con la guasa de haber colocado tres zetas, como se hacía en los tebeos cuando en una viñeta el dibujante pretendía expresar que alguien, o un gato o un perro, estaba durmiendo. Jamás había sabido de un caso en el que el nombre de una calle se dividiera en sus dos fachadas. Me pregunto si en las cartas enviadas a la calle Dormitorio, la dirección ha de incluir esa bromita que le han gastado al Ayuntamiento. ¡Feliz jueves!
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