¡Buenos días! Cuando Sevilla no entiende a alguien le llama loco. Es un clásico. En cuanto alguno de los suyos se sale de lo previsto, «ese está loco». Malo salirse de la homologación, de abandonar el redil y de sentirse diferente al rebaño más tradicional de la ciudad. Todo lo tiene pensado para ti, todo previsto y planeado, la vida es un proyecto inmodificable que debe seguirse sin demasiadas peculiaridades o innovaciones. Si no entras por la cordura general, si sacas los pies del tiesto, si vas por libre y atreviéndote con tus propios riesgos y audacias, te caerá el sambenito más sevillano: «Ese está loco». Tener personalidad cuesta mucho en Sevilla; soñar precisamente en la ciudad de los sueños, sale muy caro; está prohibido todo aquello que se derrama por fuera de la seguridad, aventuras las menos posibles, iniciativas valientes, que sean poquitas; pretender ideas y pensamientos ganados a pulso, no está bien visto donde tantas normas están inculcadas por herencia. Aquí, si te da por cosas que no se pliegan a lo que hace la mayoría, acabas de loco. Eso lo supieron hasta quienes levantaron la Catedral. ¡Feliz jueves!





