¡Buenos días! Mi admirada y querida Juana Reina hubiera cumplido hoy 100 años. Con la simetría que un espejo lo copia y devuelve todo, eso significa que se cumple el primer centenario de su nacimiento. Es lo único posible después de que se nos fuera el 19 de marzo de 1999. Vino al mundo en una ciudad nada fácil para reconocimientos de méritos ajenos, así que no sé cuánto dará de sí la efemérides que ahora se inaugura, o si el legado de su arte habrá de andarse entre los vaivenes de la memoria o el olvido. Pero también sé que le dieron a luz en Sevilla, un lugar privilegiado de la Tierra, porque imprime carácter, porque puede hacer de algunos elegidos lo que hubiera sido imposible hacer de ellos en otra parte, sin nacer sevillanos, sin que les corra por la sangre una identidad inalcanzable fuera de aquí. A Juana la escogieron los dioses… o la Macarena, ¿quién sabe? Lo fue todo: una artista, cantante y actriz, dotada para las exigentes interpretaciones y capacidades de la copla; una esposa que dio con el gran amor de su vida, el bailarín Caracolillo; y una madre tan ejemplar, que al irse dejó a su hijo entre cientos de preguntas por su ausencia. A lo largo de este centenario que hoy empieza, más ocasiones habrá recordarla y contarla. ¡Feliz lunes!
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