¡Buenos días! El mundo taurino ha facilitado siempre interesantes comparaciones con todo lo que supone la vida entera que queda fuera de los ruedos. Vivir no deja de ser el desempeño constante de una sabia faena con sus tercios y manteniendo su ligazón. Y lo que ocurre en cualquier coso halla su traducción en la pericia de nuestros afanes diarios, tantas veces debiéndose asistir de nuestra valentía, audacia y riesgo; tantas veces exponiéndonos en el peligro, adelantando el paso, arrimando el cuerpo, pisando el terreno donde nos lo podemos jugar todo, no digo que a vida o muerte, pero sí que a cara o cruz. ¿Y la de ocasiones en las que hay que ponerse el mundo por montera? ¿Y la de gente que sólo sabe ver los toros desde la barrera? ¿Y cuando hay que capear el temporal? ¿Y tener mano izquierda? ¿Y sentir que nos están toreando? La vida me sabe a estas alturas en la apariencia de la hermosura larga de un toro, desde su testuz hasta el rabo, con bravura, trapío, fuerza, belleza, estampa… Pero sin perderle jamás la vista, sin olvidar que lleva pitones astifinos. Mucho cuidado con ella cuando te mira fija el muslo. ¡Feliz lunes!





