¡Buenos días! Con frecuencia se dice de Sevilla que es barroca. Pero quizás haya pocas ciudades que en el mundo sean a la vez tantas cosas como Sevilla. En esta mañana de la Virgen de los Reyes, la misma Sevilla del Gran Poder y del Cachorro, se hace gótica en la amable sonrisa de su Patrona y en la carita contenta de su Niño, que se diría tiene ese regocijo de la infancia cuando sabíamos que nos sacaban de paseo a ver las palomas del Parque. Entre el juego de aromas de las cuatro esquinas de nardos, Sevilla hoy es gótica. Y Nuestra Señora conmueve tanto, emociona tanto, que deshace y supera los defectos que veo en su procesión; porque me parece que es una procesión mal organizada, equivocada en tramos. En un sentido estricto, la Virgen no lleva acompañamiento musical, le queda muy lejos y apenas se oye perdida entre murmullos de los que no se callan ni bajo agua. Le queda a mucha distancia por cederle el sitio al figureo de las representaciones. Claro es que si el figureo de los políticos y los estamentos sociales fuera donde queda el espacio de la humildad, la elegancia y la discreción, ni eso sería figureo ni nada que se le parezca. ¿Es que lo dispone el Cabildo, la Asociación de Fieles? Una equivocación como otra cualquiera. Por otra parte, en la salida de la Virgen fue como si la banda sólo supiera tocar el tambor. No soy yo precisamente de los que en estos tiempos de tantos catetos estoy esperando el reivindicado momento del show, del numerito o el espectáculo; pero sí sé cuándo procede oportunamente la ocasión del realce, de que la música, una marcha triunfal, suene con la conciencia de que la Virgen de los Reyes acaba de salir, otro 15 de agosto más, en la hermosa y temprana mañana de su Festividad. ¡Feliz viernes!
Imágenes de Beatriz Galiano
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