¡Buenos días! Los medios de comunicación necesitan una reforma más urgente que la de la Justicia, que ya es necesitar. Se van hundiendo poco a poco en la experiencia diaria de provocar en la gente una visión apocalíptica de la vida, una versión caótica de lo que ocurre en el mundo, sirven la manera más rápida de amargar los desayunos y hacer indigestos los almuerzos. No soy un ingenuo que desconozca el rumbo cada vez más difícil que va tomando este planeta, amenazado gravemente por la posibilidad de un estallido nuclear. Pero tampoco ignoro las esperanzas que brotan cada mañana para salvarnos de la hecatombe. Y contemplo las flores recién salidas como señal de nuevos y mejores tiempos que los de este primer cuarto de siglo XXI. Apenas hace una semana que en Roma se encontraron con el Papa un millón de jóvenes cantando al futuro. ¿Eso no fue suficiente para ocupar los primeros y más amplios lugares de la información escrita, radiada o televisada? Si no llega a ser por los videos que iba enviándome una hija que formaba parte de ese millón, los medios me hubieran condenado a una percepción minúscula, rápida y breve sobre una gran noticia que me ofrecían lo más pequeña posible. Hay ya más dedicación por los periódicos a una ola de calor que nos apesadumbre el ánimo, que a las voces de una juventud en busca de una salida para tantas miserias humanas. ¿Que hace más de cuarenta grados? ¡Ah! ¿No estamos en agosto? Lo cuentan estúpidamente con el asombro de que fuera enero. ¡Feliz viernes!





