¡Buenos días! Sobre la desdichada intervención a la Macarena, lo asegurado por Arquillo respecto de su actuación y la de su hijo David, me recuerda a cuando un marido es pillado in fraganti por su esposa con otra en la cama y trata de salvar la situación con la clásica excusa: «¡No es lo que parece! ¡Te lo explicaré todo!». Arquillo insiste en que sólo tocaron las pestañas y que la Virgen es la misma. Ya, la misma. No hay más que verla. Habrá pensado que todos estamos ciegos. ¿Y quién le dijo que en trabajos de mantenimiento se pueden cambiar las pestañas? Ha osado, con su prestigio hecho ya escombros, contradecir al salvador e implacable informe del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, que por escrito le ha dejado muy claro que se ha «extralimitado». El IAPH se ha convertido en garante del fin de las tropelías y agresiones cometidas en el rostro y manos de la Esperanza. Afortunadamente ya da igual todo lo que quiera alegar Arquillo y que busque defenderse como gato panza arriba, cuando le van a revisar hasta lo obrado en el Señor de la Sentencia y la Virgen del Rosario. Ha salido por la pequeña y baja puerta de atrás de la Historia, una de esas puertas que se cruzan bajando la cabeza para no darte el porrazo con el marco, lo mismo que también por ahí ha salido la Junta de los desgobiernos con cada uno de sus miembros, bien registrados en la página web de la Hermandad, como si quedaran para los más vergonzosos anales de las cofradías (que lo tenga en cuenta el candidato José Luis Notario). El IAPH se queda como una especie de gestora que va a vigilar la restauración de Pedro Manzano poniendo catorce ojos en dos comisiones, una de seguimiento y otra de trabajo. La Junta se queda así vacía del cometido que no supo cumplir, se queda de mirona echándose a un lado cediendo el sitio a expertos competentes. Y en noviembre, ¡adiós, hasta nunca! Pronto, se cuenta que hacia el 15 de agosto, con la urgencia dictaminada, comenzará el camino de regreso de la Esperanza. Será el camino de vuelta para el reencuentro con su mirada, la que nos conoce a todos, la que se sabe nuestras vidas sin necesidad de contársela. Los días restantes de este año y los nuevos de 2026, irán trayendo, si Dios quiere (siempre si Dios quiere), otra Semana Santa y una Madrugada única, absolutamente emocionante, en la procesión más multitudinaria del desagravio a la Macarena. Y de miles de labios se escuchará, mientras se llore: «¡Es Ella!».





