¡Buenos días! Todavía, después de tantos años, cuando ensayo a diario me siento respaldado por ellos, me parece que aún los tengo detrás, que siguen conmigo, protegiendo mis actuaciones y cubriéndome ante el público. Fueron Cuentagotas, la orquesta que con cuatro músicos sonaba como una sinfónica. Estoy solo en mi habitación, ataco con cualquiera de esas canciones difíciles que se han ido encontrando al cabo del tiempo con una voz cada vez cada vez más sabia, y los siento, igual que entonces, dándome seguridad. Creo estar pisando otra vez la primera línea del escenario -la que me ha gustado pisar siempre, pues el miedo nunca estuvo en mis pasos-, y diría que los tengo, infalibles, cubriéndome las espaldas. Pepe, Ángel, Eduardo y Pepín se convirtieron en aliados de mis sueños, de mis ganas, de mi entusiasmo. Nuestro mánager José Luis Ramos nos reunió. ¡Cuánta amistad disfruté de ellos! Impagable. Yo no pude ni supe dar lo mismo a quienes me dieron tanto. Desde mis bonitos recuerdos les agradezco hasta las bromas que me gastaban en las habitaciones de los hoteles de nuestras divertidas giras allá por los finales de los setenta. Esa foto se hizo en Antequera (Málaga), en la zona de camerinos, junto a Ramos y a Joaquín Prat, nuestro presentador de lujo para aquellas galas. Como me dice mi mujer, con vivencias y gente tan maravillosa, ¿podría decir que mis sueños no se han cumplido? ¡Feliz miércoles!





