¡Buenos días! Toda España supo en aquel verano de 1969 que la playa estaba desierta y el mar bañaba la piel de María Isabel, una bella sin rostro, en el imaginario de la hermosura de todo el mundo, digna de borrar su nombre en la arena antes de que alguien lo pisara. Nunca supimos cómo era, pero bastó que Los Payos la cantaran para que cada cual le hiciera un sitio en sus deseos. Poco después de María Isabel llegó otro verano Eva María con Fórmula V. Y años más tarde Salomé con Chayanne. Siempre parece haber un nombre de mujer en el canto más íntimo de los hombres. Y desde Los Payos, el talento le permitió a Josele liberarse del escueto expediente de un éxito veraniego, para ir llegando entre una cosa y otra a hacerse con el teléfono más famoso después del de Gila. No tuvo al otro lado del hilo el humor que la genialidad puede sacarle hasta a la guerra, sino al emigrante que en Alemania se estaba perdiendo los primeros gozos de la democracia española. Traté mucho a Josele, al tímido Josele que se saltaba todas las barricadas del corte para ser capaz de subirse a un escenario. Era tímido y era muy buena persona. Otro artista se me va entre la pena y el agradecimiento por los momentos de felicidad que le debo. Y reírme, también le debo reírme. Y quien te hace reír merece la Gloria.





